El mutismo selectivo, explicado por un padre
El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad. Tu hijo puede hablar sin parar en casa, pero quedarse completamente callado en el colegio o con otras personas. No es que sea tímido, que no quiera hablar o que se porte mal. Quiere hablar, pero la ansiedad no le deja.
Y esto no es solo una forma de explicarlo. Desde 2013, el manual que utilizan los profesionales para diagnosticar los trastornos mentales (DSM-5) reconoce el mutismo selectivo como un trastorno de ansiedad. Además, una investigación que analizó 22 estudios con 837 niños encontró que el 80 % también presentaba otro trastorno de ansiedad.
¿Qué significa esto para tu hijo? Que cuando se queda callado, lo que necesita no es que le insistan para que hable, sino sentirse seguro, comprendido y acompañado.
Lo que vimos en casa
En casa, Gael hablaba por los codos. Nos contaba mil cosas, preguntaba, reía y no paraba quieto. Pero al llegar al colegio, todo cambiaba. Delante de su maestra y sus compañeros, por mucho que quisiera, las palabras no le salían.
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Las señales que nos hicieron pedir ayuda
No es una lista para diagnosticar: es lo que vimos nosotros y lo que nos llevó a consultar.
- Hablaba con normalidad en casa y callaba siempre en los mismos sitios.
- El silencio no se iba con el tiempo ni cuando cogía confianza.
- Se comunicaba con gestos, miradas o señalando, pero no con la voz.
- Lo pasaba mal: no era una elección ni un juego.
Si reconoces algo de esto, habla con su pediatra.
Preguntas que nos hicimos (y que quizá te haces tú)
¿Por qué mi hijo habla en casa pero no en el colegio?
Porque en casa se siente a salvo y fuera la ansiedad le bloquea la voz. Con Gael lo vimos durante años: en casa no paraba de hablar y al cruzar la puerta del colegio se quedaba mudo.
¿Es timidez?
No. Un niño tímido acaba hablando cuando coge confianza. En el mutismo selectivo el silencio se mantiene semanas y meses en los mismos sitios, aunque el niño quiera hablar.
¿Lo hace a propósito o para llamar la atención?
No. Esa fue una de las frases que más nos dolió escuchar. No es una decisión del niño: es el miedo el que decide por él.
¿Hay que obligarle o presionarle para que hable?
Presionar suele empeorar el bloqueo. Lo que a nosotros nos sirvió fue quitar la presión y subir escalones pequeños, uno a uno, al ritmo que él podía dar.
¿Es culpa de los padres?
No. Nadie elige esto ni lo provoca a propósito. Lo que sí está en nuestra mano es cómo acompañamos a nuestro hijo a partir de ahora.
¿Qué puedo hacer en casa mientras espero la cita con el profesional?
Bajar la presión, no contestar por él delante de otros sin necesidad, celebrar cualquier forma de comunicación y apuntar lo que observes para contárselo al profesional.
¿A quién acudo si sospecho que mi hijo tiene mutismo selectivo?
Empieza por su pediatra, que puede orientarte hacia un psicólogo infantil. El diagnóstico lo hace siempre un profesional.
¿El mutismo selectivo se cura?
No hablo de curas ni de plazos: cada niño es distinto. Te cuento lo que cambió en nuestra casa y por qué el acompañamiento profesional es imprescindible.