El método, parte 6: Busca tu sombra y conoce sus orígenes
Estos vídeos son de 2021: es el método tal como lo empezamos en casa con Gael. Después, junto a otras familias, lo hemos ido perfeccionando a través de La Escuelita, y el método de hoy es mucho más completo y elaborado. La versión actual es la que está en los libros y en la biblioteca.
El método, parte 6: Busca tu sombra y conoce sus orígenes
«Busca tu sombra» es la parte de los miedos: llegar a aquello que de verdad paralizaba a Gael, para que pudiera racionalizarlo y le pesara menos.
Comenzamos…
Esta parte habla de los miedos. Se trata de confrontar al niño con sus miedos más profundos, con aquello que realmente lo paraliza, con lo que lo bloquea. Yo pienso que, si encontramos el origen del miedo y conseguimos que el niño lo racionalice, el miedo se hace mucho menor y la ansiedad que le genera baja muchísimo.
Como digo siempre, no soy psicólogo ni especialista en mutismo ni en nada relacionado con la medicina. Lo que me han explicado es que, cuando el niño se bloquea, es porque le sube un pico de ansiedad muy grande.
Lo que se veía en Gael
En muchas ocasiones, cuando le daban esos picos, Gael, además del mutismo, se ponía totalmente rígido: apretaba los puños y se le tensaba también la mandíbula. Trabajando sobre los miedos pudimos llegar a los que tenía él, trabajarlos un poco y quitarles peso.
El cuento de Pedrito
Lo hicimos con nuestro amigo, el Sapo Zen. Me inventé un cuento en el que el sapo iba a visitar a un lorito que se llamaba Pedrito y que tenía mutismo. Su padre, que estaba muy preocupado, había hablado con el Sapo Zen para que fuera a verlo y lo ayudara.
En el cuento, el Sapo Zen le preguntaba a Pedrito cómo le había ido el día en la escuela y si había hablado con algún compañero. Pedrito le contestaba que no: que no había interactuado con nadie, que no había podido sacar su vocecita, que no había habido ningún cambio.
En este paso no había interacción directa con Gael. Primero venía la fase del cuento.
¿Acaso tenés miedo?
El Sapo Zen le preguntaba a Pedrito por qué no podía hablarles a sus amigos o a la maestra, si acaso tenía miedo. Y Pedrito le decía que sí: miedo a exponerse, miedo a hablar. No quería ser el foco de atención ni que todos lo estuvieran mirando, porque a lo mejor, si hablaba o se expresaba de determinada manera, los demás se iban a reír o a burlar de él.
El Sapo Zen, en su infinita sabiduría, le decía que no tenía que preocuparse por cómo se expresaba, que alguna vez se iba a equivocar y que, si alguien se reía, tampoco pasaba nada. Y le hacía una pregunta que para mí es bastante importante: «Pedrito, ¿esto alguna vez te pasó?». Y Pedrito le decía que no, que nunca le había pasado. Claro: tenía mutismo en la escuela, nunca había hablado con sus compañeros. Entonces, ¿cómo sabía que se iban a reír? ¿Por qué pensar que iban a reaccionar de esa manera, si nunca le había pasado?
Nadie es el foco de todos
Además, el Sapo Zen le decía: «No creas que sos el foco de toda la gente, que te están mirando y juzgando de forma permanente». Cada persona tiene sus problemas, sus pasiones, sus cosas en la cabeza, y como mucho está atenta a vos una pequeña fracción de tiempo, y muchas veces ni eso.
Y le ponía el ejemplo al revés: ¿vos estás todo el tiempo pensando en lo que hace tu compañero de clase, en cómo se mueve, cómo habla, qué dice, cómo se levanta de la silla? No. Lo ves levantarse y seguís pensando en un videojuego, en que después vas a ir a jugar a la pelota o en lo que dijo el profesor.
Su sombra, en otra historia
La idea era que Gael se viera un poco reflejado en la historia. Yo sabía cuáles eran sus miedos, cuál era su sombra: no quería ser el foco de atención, y eso le causaba un nivel de estrés y de ansiedad muy grande. Fui por ese lado, pero reflejado en otra historia, desde otra perspectiva, no en primera persona.
Al final del cuento, Pedrito entiende lo que le dice el Sapo Zen: que no está constantemente observado, que la gente no lo está juzgando todo el tiempo. Eso le quita un peso de encima y, poco a poco, se va soltando y va pudiendo comunicarse con sus amiguitos más allegados.
La charla después del cuento
Cuando terminaba el cuento, tenía una charla con Gael y le preguntaba qué le parecía lo que el Sapo Zen le decía a Pedrito. Así lo incitaba a reflexionar sobre el cuento y sobre los consejos que el sapo le daba a Pedrito. En ese momento tenía entre seis y siete años, y ya le era más fácil racionalizar todo esto. Me decía que sí, que era verdad, que él no estaba todo el tiempo pensando en los demás: que a veces estaba distraído con lo que hablaba la maestra, pensando en un videojuego o en que tenía hambre.
Te lo voy a demostrar
Una vez que se dio cuenta y estuvo de acuerdo con lo que explicaba el Sapo Zen, le dije: «Mirá, te lo voy a demostrar para que veas que realmente es así». Busqué en YouTube vídeos de experimentos sociales en los que se veía que la gente no presta suficiente atención a las personas que tiene delante.
El que más le llamó la atención a Gael era uno en el que alguien paraba a una persona por la calle y le pedía indicaciones para llegar a un sitio. Mientras se lo explicaba con un plano, dos operarios pedían permiso y pasaban entre ellos con un gran cristal oscuro, algo grande que tapaba la visión. Cuando terminaban de pasar, la persona que preguntaba ya era otra. Creo que en uno de los vídeos incluso pasaba rápidamente por detrás una persona disfrazada de mono, y la gente ni se percataba.
Eso es lo que le quería transmitir: que no se sintiera bajo un foco constante, con la presión de ser juzgado por cómo debía comportarse o por lo que tenía que decir; que se relajara y lo dejara fluir.
El ejercicio del espejo
Después de enseñarle los vídeos, hicimos un ejercicio de espejo: una pequeña representación, como un teatro, para que sacara sus miedos jugando. Cada uno hacía un papel: yo el Sapo Zen y él Pedrito. Y también con nuestros propios papeles: «Vamos a hacerlo así, pero yo soy papá y vos sos Gael». La misma dinámica del cuento, pero contada en primera persona.
Él me contaba sus miedos y yo lo ayudaba a racionalizarlos, para que entendiera que no era algo que tuviera que producirle tanta ansiedad ni bloquearlo tanto. Le decía algo así: «Yo entiendo que tengas miedo a esto, pero ¿te pasó alguna vez?». Ese es un punto importante, porque no le habrá pasado. «El miedo lo tenés acá, en la cabeza, y no sirve, porque te bloquea. Hay que sacarlo de acá y tirarlo a la basura, o por lo menos decirle: no, no me das más miedo».
Con el Sapo Zen, la respiración y el «yo puedo»
Después de racionalizar sus miedos, hacíamos un trabajo con el Sapo Zen, con la respiración y con el «yo puedo», para que se mentalizara: «Yo puedo superar esto. No me tiene por qué afectar, porque yo no soy el foco de nadie, igual que nadie es mi foco todo el tiempo. Esto nunca me pasó: es algo que tengo en la cabeza».
Esto es, muy simplificado, lo que hicimos para buscar los miedos y tratar de superarlos.
Un proceso, no algo de un día
Con todo lo que fuimos aplicando, a Gael le dio resultado. Pero no es algo que se haga de la noche a la mañana: es un proceso, como siempre nos han dicho, y hay que empezar de abajo, poco a poco, todos los días, con mucha perseverancia, con mucho amor y con mucha paciencia. Seguir trabajando su autodeterminación, su confianza y su autoestima, ir quitando sus miedos más profundos y estar como padres detrás de ellos, ayudándolos en todo momento y en todo lo que necesiten.
Preparando el séptimo paso…
En la séptima parte cuento el siguiente paso: «Luz, cámara y acción».
Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.