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El método en casa · paso 7 de 7

El método, parte 7: Luz, cámara y acción

El paso a paso, en vídeo (2021) Luz, cámara y acción · 16:46
2021

Estos vídeos son de 2021: es el método tal como lo empezamos en casa con Gael. Después, junto a otras familias, lo hemos ido perfeccionando a través de La Escuelita, y el método de hoy es mucho más completo y elaborado. La versión actual es la que está en los libros y en la biblioteca.

NOTA
Esto no sustituye a una evaluación profesional. Si te preocupa tu hijo, habla con su pediatra o con un psicólogo infantil. Cuándo pedir ayuda

El método, parte 7: Luz, cámara y acción

«Luz, cámara y acción» es la séptima parte de lo que hicimos con Gael: enseñarle a interesarse por los demás y a contar lo suyo para que sus mensajes tuvieran respuesta, hasta llegar a la videollamada en directo.

Comenzamos…

Como conté en las partes anteriores, lo que más ayudó a Gael durante el confinamiento a dar sus primeros pasos y sus primeros contactos verbales fueron los mensajes, empezando por los de vídeo, y más adelante las videollamadas.

Pero hasta ese momento no tenía interacción con otros niños. No tenía amigos. Eso de la empatía, de relacionarse, no se le daba bien, y le causaba mucha ansiedad. Era un punto que había que trabajar, para bajar ese nivel de ansiedad y que se sintiera cómodo en la conversación.

Porque, además de bloquearse por el mutismo, cuando iba a grabar un vídeo no sabía exactamente qué decirle al otro niño, a la persona con la que se comunicaba. Le gustaba comentar cosas, pero no sabía qué decir. Al principio optamos por decirle: «Contale lo que vos quieras, lo que a vos te gustaría contarle».

Cuando nadie le entendía

En esa época jugaba mucho a los videojuegos, le gustaban muchísimo. Y en general le gustan juegos que no son muy conocidos, que no son los que están de moda. Entonces, cuando les hablaba a otros niños de un videojuego que acababa de salir, o de otros juegos y personajes muy específicos, ninguno de ellos lo entendía.

Perdían el interés por lo que contaba. A veces ni siquiera contestaban, o le respondían algo como «Bueno, gracias. Nos veremos, adiós».

Y él se quedaba un poco desinflado, sobre todo por el esfuerzo que le había llevado grabar esos mensajes. Era como bajar un escalón para atrás, porque sentía que lo que había contado no había llegado.

Interesarse por lo que le gusta al otro

Entonces empecé a leer y a investigar un poco más sobre cómo ayudarlo. En internet, no recuerdo exactamente en qué páginas, encontré cómo trabajar la empatía. Es algo bastante obvio, pero en su momento no se nos había ocurrido. Le enseñamos técnicas de empatía para que las personas con las que se comunicaba se sintieran interesadas, hablaran con él, le contaran cosas también, y que fuera una comunicación de ida y vuelta.

Lo primero era que, cuando tenía que hablar con algún amiguito, antes de hacerlo hacía las técnicas del Sapo Zen: la respiración, el «yo puedo» y demás.

Después pensábamos en el otro. Pongo un nombre inventado: Pedrito. Si tenía que llamar a Pedrito, primero había que pensar qué le gusta a Pedrito. Supongamos que a Pedrito le gusta mucho jugar con coches de juguete. A Gael, en cambio, lo que le apetecía era contarle que había conseguido el trofeo de un videojuego. Lo que iba a intentar transmitirle era otra cosa: «Mirá, Pedrito, un día me gustaría invitarte a mi casa, que tengo muchos coches de esos. ¿Y sabés cuál tengo? Uno que es dorado. Mirá, te lo muestro».

Es como un gancho: ir sobre los intereses de la persona con la que quería comunicarse y despertar de verdad su interés. Evidentemente, la persona del otro lado se va a mostrar muy interesada.

Fue una de las primeras técnicas que aplicamos para trabajar la empatía, y casi de inmediato empezó a haber interés del otro lado. Al principio fue a través de mensajes de vídeo; después empezaron a ser videollamadas.

Contar lo suyo como una historia

Después, para empezar a introducir sus propios intereses, le enseñamos a presentarlos a modo de historia, para captar la atención. La atención de la otra persona ya la tenía, porque antes había mostrado interés por lo que le gustaba a ella. Ahora tocaba crear una mini historia para que el otro también se interesara por lo suyo.

La historia tenía que llevar un qué, un por qué y un para qué. Por ejemplo, con aquel videojuego que acababa de salir, sería algo así: «¿Sabés una cosa? Conseguí el último juego de esa saga. Te lo cuento porque pienso que es un juego que te gustaría mucho. Y te lo cuento porque me gustaría mostrártelo, que aprendas a jugar y juguemos juntos». Ahí tenemos un qué, un por qué y un para qué.

Contando así esa misma historia, le daba a la otra persona toda la información que necesitaba para tener un contexto, y con eso un poco de curiosidad por conocer más.

Los tres pilares

Esto nos sirvió porque Gael entendió que su interacción social con otros niños era nula. Había que educarlo en ese aspecto: no tenía amigos, tenía que gestionar esas relaciones, tenía que aprender a gestionarlas y aprenderlo de una forma un poco exprés. Fue muy importante para él, y fue importante para nosotros.

El otro punto muy importante fue el Sapo Zen, que le bajaba los niveles de ansiedad.

Así que nos basamos en tres pilares. El primero, interesarse por los intereses del otro: la empatía. El segundo, contar una historia para que el otro se interesara por los suyos. Y el tercero, bajar los niveles de ansiedad con el Sapo Zen. Esos son los tres puntos que usamos para que empezara a trabajar los mensajes de vídeo.

El salto a la videollamada

Fue un trabajo del día a día, sin prisa pero sin pausa, porque la repetición es fundamental. A medida que iban pasando los días se sentía más cómodo, más suelto: su cuerpo ya no estaba tan rígido y su voz era más alta. Cuando lo logró, pasamos al siguiente paso: una videollamada directa.

Eso también lo ayudó mucho, pero al principio fue fuerte. Volvió un poco hacia atrás: estaba en una llamada en vivo, interactuando con otra persona. Estaba muy nervioso, no miraba a la cámara, iba y venía mientras hablaba, se salía de la cámara, hablaba desde una esquina y después se iba a la otra. Tenía mucha ansiedad.

Después, los niveles de ansiedad fueron bajando, bajando y bajando, hasta que pudo mantener una videollamada a un nivel normal, sin ansiedad, con otra persona con la que tenía mutismo; con otros niños, por ejemplo.

Ese fue el método que usamos con las videollamadas. Lo compartimos de corazón, porque creo que a más de uno le puede aportar mucho.

Hasta aquí…

Al despedirme en el vídeo conté que ya quedaba poco para terminar con el método en sí, y que después quería intentar grabar un vídeo con Gael para que contara su parte, desde su perspectiva: qué sentía, qué fue lo que más le sirvió, qué le gustó. Una pequeña entrevista que ya avisé que iba a ser un poco caótica, porque Gael es muy inquieto.


Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.

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