El método, parte 5: Eres lo que comunicas
Estos vídeos son de 2021: es el método tal como lo empezamos en casa con Gael. Después, junto a otras familias, lo hemos ido perfeccionando a través de La Escuelita, y el método de hoy es mucho más completo y elaborado. La versión actual es la que está en los libros y en la biblioteca.
El método, parte 5: Eres lo que comunicas
«Eres lo que comunicas» es la parte en la que Gael aprendió a ver lo que transmitía con el cuerpo y a ampliar su comunicación no verbal para poder acercarse a otros niños.
Comenzamos…
Como digo en cada vídeo, no soy profesional, ni psicólogo, ni especialista. Soy solo un padre. Con Gael seguimos un método que fuimos formando a partir de muchas fuentes diferentes, y lo cuento para que sepas qué es lo que estás leyendo.
Un rincón del aula
Este paso se llama «Eres lo que comunicas» por lo que le pasaba a Gael en la escuela. Se recluía en un rincón del aula: ahí había creado su espacio seguro, su espacio de confort, y de ahí no salía. No interactuaba con otros niños. Se quedaba en una postura de defensa, muy rígido, muy a la defensiva. Y cada vez que algún niño se acercaba porque quería jugar con él, Gael simplemente le decía que no con la cabeza.
Lo que comunicaba sin abrir la boca
Algo que trabajamos mucho fue que entendiera qué comunicaba con el cuerpo. Aunque por el mutismo no abriera la boca ni emitiera sonido alguno, lo que comunicaba corporalmente era lo que los otros niños percibían de él. Y lo que percibían era a un niño temeroso y cerrado.
Al principio había niños que intentaban interactuar con él, que intentaban jugar, pero cada vez más lo iban dejando de lado. No lo hacían a propósito: es que él no interactuaba, estaba solo en un rincón, muy rígido. Los niños lo intentaban una, dos, tres veces, y después, si no quiere, iban a lo suyo.
Él tenía dificultad para comunicarse hablando, por la ansiedad que le generaba el mutismo, pero sí podía comunicarse de forma no verbal. Así que había que trabajar esa parte, para cambiar la percepción de los otros niños y para que pudiera crear lazos de amistad con ellos, porque todavía no tenía amigos.
Más que un sí y un no con la cabeza
De lo que se trataba era de que Gael aprendiera a comunicarse de forma no verbal, de ampliarle esa comunicación más allá del sí y el no con la cabeza, para que pudiera comunicarse con otros niños y crear lazos con ellos.
El saludo
Uno de los primeros pasos se le ocurrió a Luciana, mi mujer. Cuando nos cruzábamos por la calle, por el barrio, con otros niños de su escuela, y nos saludaban, Gael se escondía automáticamente detrás de su madre. No había forma de que levantara la mano, y mucho menos de que dijera hola.
Cuando se ponía en esa actitud rígida, siempre llevaba las manos pegadas a los lados, casi a la cintura, hacia las caderas, paralelas al cuerpo. Lo que Luciana buscaba era que, aunque fuera muy tímidamente, empezara a saludar con la mano: el otro niño casi ni lo iba a ver, pero era para empezar a desbloquear su cabeza, para que hiciera aunque sea esa interacción, la de un saludo.
Te digo la verdad: algo tan simple nos costó meses. Al principio hacía como que quería levantar la mano, la movía apenas, y en su cabeza ya la había levantado. Era un desplazamiento mínimo, prácticamente invisible. Poco a poco la fue levantando un poquito más, un poquito más, un poquito más, hasta que en un momento lo logró. Todo el proceso de levantar la mano llevó fácil tres meses. Una vez que lo conseguimos, saludaba, aunque fuera tímidamente. No hablaba, pero por lo menos ya tenía una interacción con otros niños.
Verse desde fuera
En casa empezamos a mostrarle cómo lo veían a él en la escuela, con técnicas de expresión corporal, cosas que fuimos sacando de YouTube. Le mostrábamos lo que hacía en el aula, a partir de lo que nos contaba su maestra y de lo que había visto muchas veces Luciana, que fue la que hizo con él la adaptación.
Yo me ponía en su papel y él se ponía en el papel de espectador. Adoptaba posturas muy típicas de él en el aula y le preguntaba qué pensaba que me pasaba, qué le transmitía, qué veía de mí. Y él empezó a decir cosas: «Tenés miedo», «te duele la panza».
Lo que queríamos era que viera cómo lo veían los otros niños en clase: temeroso, como si no quisiera contacto con nadie, como si no quisiera jugar ni que se le acercaran. Y por eso los otros niños se dejaron de acercar. Lo entendió perfectamente: entendió que con su comportamiento no verbal les estaba comunicando eso a los demás.
Gestos del día a día
A partir de ahí, una vez que entendió lo que comunicaba, le empezamos a enseñar técnicas para comunicarse con los otros niños: ofrecer algo, dar las gracias con una sonrisa, gestos para decir que quería algo, que estaba de acuerdo o que algo no le gustaba. Son técnicas que se pueden sacar de diferentes lados.
No fue la lengua de signos. Se me había planteado enseñársela, pero no tenía ningún sentido: buscábamos cosas más naturales, del día a día, que los otros niños pudieran comprender.
Los primeros amigos
A medida que fue adquiriendo diferentes habilidades no verbales, pudo empezar a crear lazos con algunos niños. Esos niños fueron la piedra fundamental de una parte de su recuperación: se hicieron sus amigos y siguen siendo sus amigos a día de hoy.
Y su círculo se amplió bastante. Antes no tenía ningún amigo, y ahora tiene un círculo de por lo menos seis niños que son sus amigos. Además juega con los demás y se integra. En algunos momentos en los que hay mucho caos, prefiere irse a jugar a otra cosa con alguno de sus amigos, pero interactúa perfectamente con todo el grupo.
Juegos de baile
Otra cosa que hicimos fue empezar a hacer juegos de baile en casa. Siempre estaba en una posición muy rígida, y esto era para que se desestresara corporalmente, para que se liberara.
Al principio también costó: directamente no quería bailar. Después empezó, y nos decía: «Yo bailo, pero solo, no me pueden mirar». Más adelante, mientras bailaba solo podía mirarlo uno de nosotros. Y hoy le encanta el breaking y hace batallas de baile con nosotros, le encanta ponerse a bailar y no tiene ningún problema.
Celebrar cada logro
Todo esto lo trabajamos siguiendo la estructura del método. Cada vez que conseguía algo, aunque fuera pequeño, se lo festejábamos mucho, para que se sintiera contento, con la satisfacción de haber logrado algo. Por más pequeño que pareciera, para él era un logro, una conquista, y había que festejarlo: «¡Qué bien, lo lograste! ¿Viste que podías?».
Cuando tenía picos de ansiedad, venía el Sapo Zen, con sus cuentos, con la respiración profunda, con el «yo puedo», con todo lo que comenté en un vídeo anterior.
Lo que avanzó
Con todo esto, Gael logró comunicarse con otros niños de forma no verbal, crear lazos con ellos y modificar su conducta y la percepción que los otros niños tenían de él. Fue muy importante para él, porque fue un paso intermedio antes de que empezara a hablar.
Después vino todo un trabajo de habilidades sociales, porque al no hablar ni socializar durante tanto tiempo hubo otras cosas que trabajar. Eso lo contaré en su momento, pero ya fuera del método.
Preparando el sexto paso…
En la sexta parte cuento el siguiente paso: «Busca tu sombra y conoce sus orígenes».
Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.