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El método en casa · paso 4 de 7

El método, parte 4: Las gemas del infinito

El paso a paso, en vídeo (2021) Las gemas del infinito · 14:00
2021

Estos vídeos son de 2021: es el método tal como lo empezamos en casa con Gael. Después, junto a otras familias, lo hemos ido perfeccionando a través de La Escuelita, y el método de hoy es mucho más completo y elaborado. La versión actual es la que está en los libros y en la biblioteca.

NOTA
Esto no sustituye a una evaluación profesional. Si te preocupa tu hijo, habla con su pediatra o con un psicólogo infantil. Cuándo pedir ayuda

El método, parte 4: Las gemas del infinito

«Las gemas del infinito» es la cuarta parte de lo que hicimos con Gael: enseñarle la perseverancia con la enseñanza escalonada, pasito a pasito y jugando.

Comenzamos…

A esta cuarta parte de la metodología que seguimos con Gael la llamé «Las gemas del infinito». Soy muy fan de una saga de superhéroes, y Gael también: a los dos nos gusta mucho, y a él le encanta el villano principal. Se llama así porque cada una de las gemas del infinito tiene un poder muy especial, pero cuando se juntan todas forman un objeto muy, muy poderoso.

En esta parte lo que hicimos fue enseñarle a Gael todo lo que tiene que ver con la perseverancia, a través de lo que llamo la enseñanza escalonada o segmentada.

Si no le salía a la primera, lo abandonaba

En la fase en que tuvo mutismo, Gael se frustraba mucho. Era muy inseguro, le costaba mucho aprender cosas nuevas y costaba mucho enseñarle, porque si algo no le salía a la primera o a la segunda, lo abandonaba. Y la mayoría de las cosas no se aprenden ni a la primera ni a la segunda, así que se estaba perdiendo muchas. Le causaba una frustración muy grande con cosas como aprender a nadar, andar en bicicleta, algunas patadas de taekwondo y otras actividades que no le salían bien.

Además, no quería ser el foco de atención de nada ni de nadie. Si se caía, bajaba la frente. No quería las miradas sobre él: buscaba pasar lo más desapercibido posible ante los ojos de los demás.

La práctica hace al maestro

Con esta parte del método quisimos enseñarle que la práctica hace al maestro. Con la enseñanza escalonada podía gestionar mucho mejor su frustración, y eso además le daba fuerzas, una seguridad extra para afrontar el siguiente reto.

La enseñanza escalonada es algo muy sencillo, y lo cuento con la natación. Cuando queríamos enseñarle a nadar, no le decíamos «vas a ir a aprender a nadar», porque se agobiaba: decía que no podía, que no le salía, que no quería, y se cerraba. Y cerrado era imposible enseñarle: no se dejaba enseñar. Así que lo que buscamos fue ir enseñándole sin que se diera cuenta, pasito a pasito y en forma de juego.

Aprender a nadar jugando

Su mamá se pasó muchas horas buscando información sobre juegos y formas lúdicas de enseñar a nadar. Íbamos a la piscina y le decíamos: «Ahora vamos a jugar». Meter la cabeza debajo del agua no le gustaba, así que el juego era meterla y decir una palabra bajo el agua: el que adivinara tres palabras de las que decían los demás se ganaba un helado.

De esa forma, jugando, íbamos venciendo pequeños miedos. El juego hacía que se relajara, y el premio, en este caso el helado, lo animaba.

Cuando superamos el nivel de meter la cabeza debajo del agua, al día siguiente llevamos unos muñecos pesados y los tiramos al fondo de la piscina. El juego era ver quién sacaba más muñecos, y el que ganaba se llevaba algún premio: ir a jugar a las máquinas recreativas, o lo que se le pudiera dar en ese momento.

El Sapo Zen, en la piscina

Hubo un momento en que tenía que meterse un poco más hondo para meter la cabeza debajo del agua, y se agobió. Ahí vino al rescate el Sapo Zen, con un cuento y con la respiración profunda que conté en los vídeos anteriores. Le recordaba el logro del día anterior, cuando había metido la cabeza y había hablado debajo del agua, y le decía que lo de ahora era simplemente bajar un poco más la cabeza y estirar el brazo: no era nada.

Así, poco a poco, de forma lúdica y día a día, cada juego nuevo le enseñaba una técnica diferente, y prácticamente sin darse cuenta aprendió a nadar.

Enseñarle lo que había conseguido

Cuando aprendió a nadar, se lo demostramos con hechos, explicándoselo y hablando con él: lo que habíamos hecho, cómo le habíamos enseñado, y que aquello que le daba tanto miedo lo había aprendido casi sin darse cuenta. Así, en el próximo reto que se propusiera, se daría cuenta de que no era tan difícil.

Era una manera de que ganara seguridad, de que no se agobiara en el proceso de aprender algo y, sobre todo, de darle herramientas para gestionar su frustración y sus miedos, y para que los conquistara.

El miedo detrás del mutismo

Lo digo siempre: no soy especialista, soy padre. Y como padre creo que gran parte del mutismo de Gael venía del miedo y de las inseguridades que tenía dentro. Trabajando sobre esas inseguridades y esos miedos, le pudimos dar más confianza. Creo que es un buen camino, y a nosotros nos funcionó muy bien.

Hoy, fuera de casa, Gael es otro niño. Como conté en vídeos anteriores, con los amigos le va bien y ya prácticamente habla. Hay que darle el beso de despedida media manzana antes de la escuela, porque sale corriendo a buscar a sus amigos. Para nosotros fue un cambio abismal, y estamos felices.

Perseverar, siempre jugando

Probar esto no cuesta mucho, pero hay que insistir, perseverar y estar detrás, siempre de forma lúdica y llegando al niño a través de sus emociones, sus intereses y sus pasiones.

Y cuando se agobie o tenga ansiedad, que aparezca el Sapo Zen, o el animal o el personaje que te inventes, para darle un abrazo, un aliento, y para recordarle todos los logros que ha ido consiguiendo. Lo importante es que aparezca en el pico de ansiedad: que con la respiración profunda se calme, que después pueda decir que él puede hacer esa actividad o ese reto, y que inmediatamente se ponga manos a la obra y lo haga.

Habrá veces que no salga. No pasa nada: hay que decirle que no pasa nada, que si hoy no salió, mañana lo volveremos a intentar y saldrá mejor. Lo importante es que no se agobie ni pase ansiedad, porque en cuanto Gael detectaba ansiedad o agobio, se cerraba en banda y empezaba el mutismo.

Es una carrera de fondo: todos los días, todos los días, todos los días.

Preparando el quinto paso…

En la quinta parte cuento el siguiente paso: «Eres lo que comunicas».


Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.

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