El método, parte 3: En busca de la felicidad
Estos vídeos son de 2021: es el método tal como lo empezamos en casa con Gael. Después, junto a otras familias, lo hemos ido perfeccionando a través de La Escuelita, y el método de hoy es mucho más completo y elaborado. La versión actual es la que está en los libros y en la biblioteca.
El método, parte 3: En busca de la felicidad
«En busca de la felicidad» es la tercera parte de lo que hicimos con Gael: alimentar al máximo sus pasiones para conectar con sus emociones de felicidad y que intentara verbalizar lo que sentía.
Comenzamos…
A esta parte la llamé «En busca de la felicidad». Trata de conectar con las emociones del niño, con sus emociones de felicidad, para intentar que verbalice sus sentimientos. Si no viste el comienzo, te recomiendo empezar por el primer vídeo.
Lo hicimos a partir de lo que más le gustaba a Gael: desatar sus pasiones y potenciarlas, hasta que le generaran una felicidad tan grande que no pudiera contenerla. Todo esto lo hicimos solamente con él, y lo cuento desde nuestro punto de vista como padres.
Cuando alguien habla de lo que le apasiona
En el caso de Gael, una de las cosas que más le gustan son los videojuegos. Las horas que pasa delante de la pantalla las teníamos bastante controladas y, como es un niño pequeño, no lo dejábamos jugar en línea, salvo muy de vez en cuando con su primo. Así que por ahí no había mucho contacto con otra gente.
Pero los videojuegos le generaban una pasión enorme. Cuando habla de ellos se apasiona, empieza a hablar y hablar y hablar, y cada vez se apasiona más: te cuenta de tal juego, de tal nivel… Y eso me pareció algo muy bueno, porque nos pasa a todos. Cuando a alguien le apasiona algo, sea el fútbol, los coches o algo del trabajo, empieza a hablar y hablar, y a lo mejor la otra persona ya no puede más con todo lo que le quiere contar, porque es algo que de verdad le gusta mucho.
Un canal de YouTube solo para la familia
Lo que hicimos fue crearle a Gael un canal de YouTube, oculto, solamente para familiares y amigos. Ahí podía contar cosas y exponerse ante una cámara, sabiendo que se lo estaba contando a sus amigos y a su familia. Hizo vídeos sobre videojuegos y también sobre trucos de magia.
Lo que consiguió con esos vídeos fue exponerse y hablar frente a una cámara, y eso lo ayudó a desinhibirse y a contarles a los demás, sobre todo, sus pasiones. El mutismo seguía ahí, evidentemente. Pero esa pasión era tan grande que no podía callarse, y yo estaba seguro de que, cuando rompiera la barrera, le iba a resultar muy fácil seguir hablando de ese tema: prácticamente iba a soltar toda esa información de golpe.
Alimentar sus pasiones al máximo
Sus dos grandes pasiones eran los videojuegos y el taekwondo: dos temas donde podía explayarse y contar cosas que de verdad le gustaban mucho. En tu caso puede ser el fútbol, los juegos de mesa, un libro o lo que le guste a tu hijo.
Para los videojuegos estaba el canal: un espacio propio donde mostrar su pasión. Con el taekwondo, cuando había un torneo y él quería competir, lo apuntábamos y practicábamos con él los pumses, que son como las katas del kárate. Nos aprendimos la terminología, las palabras que él usaba, para estar en su misma sintonía y que sintiera que podía hablar y conectar con nosotros sobre sus pasiones.
Así se fue haciendo una bola cada vez más grande. Cada vez que sacaba ese tema se apasionaba más y empezaba a hablar y hablar. Y yo sabía que, cuando se encontrara con alguien sin el bloqueo, iba a ir más allá con toda la pasión que le generaba.
Contarle nuestras pasiones
Otro punto muy importante fue contarle nuestras pasiones: las de cuando éramos chicos y las de ahora. Le contábamos cuáles eran, qué nos hacían sentir y por qué nos gustaban tanto. Buscábamos un punto en común con las suyas y hablábamos mucho, para que se sintiera conectado con nosotros y, de alguna manera, reflejado en lo que él sentía a través de sus propias pasiones.
Juegos de mesa, y que el juego pase a un segundo plano
Lo tercero fueron los juegos de mesa. Los organizábamos los días que teníamos libres, los fines de semana o algunas noches. Y en esas partidas sacábamos el tema de sus pasiones de forma muy distendida, para que se explayara y le saliera natural hablar de ellas mientras jugaba. Le preguntábamos qué había pasado en tal videojuego, en su clase de taekwondo o cómo tenía pensado hacer los pumses para un torneo.
La idea era que se enganchara tanto hablando de sus temas que el juego pasara a un segundo plano, y que se abstrajera un poco de lo que estaba haciendo. Esto es algo mío, un pensamiento: Gael tenía siempre el foco muy encima, sentía que todo el mundo lo estaba mirando, como si lo examinaran, y yo creo que eso le generaba muchos bloqueos. Se trataba de quitarse ese foco, liberarse y poder hablar de algo que le gusta sin estar pensando en lo que está haciendo, y que conectara con que puede ser libre y expresarse totalmente, haga lo que haga y esté en el entorno en que esté.
Videollamadas con quienes ya hablaba
El cuarto punto vino cuando ya lo tenía muy incorporado con las personas con las que no tenía mutismo, con las que ya se explayaba con sus temas. Empezamos a hacer videollamadas con esas personas para que les contara los logros que iba teniendo, lo de su canal de YouTube o lo que fuera.
Era un paso previo: que se sintiera cómodo también en una videollamada, con personas con las que ya estaba a gusto, contándoles lo que de verdad lo apasionaba y lo que había pasado ese día, y que se sintiera tranquilo al contarlo. Al principio se atolondraba mucho. Todavía hoy, a veces, quiere decir muchas cosas a la vez y se enreda un poco, pero las dice. Y en cuanto agarra el hilo, habla con fluidez y no para: muchas veces tenemos que frenarlo para que se calle.
Con el Sapo Zen, antes de lo que le daba ansiedad
Todo esto lo hacíamos, sobre todo en las situaciones que le generaban un poco de ansiedad, como las videollamadas, siempre con los cuentos del Sapo Zen, como conté en los vídeos anteriores. Con el «yo puedo»: «Yo pude hacer tal cosa hoy, y voy a poder hacer esto». Con la respiración profunda. Y justo después, hacer la acción que le generaba ansiedad, para que tuviera muy incorporado que podía hacerla y llegara a ella relajado y focalizado.
Lo que conseguimos
Lo que buscábamos era que le resultara difícil callarse cuando hablaba de lo que de verdad le apasionaba. Y cuando habla de algo que le gusta mucho, no puede parar. Sé que, como habilidad social, eso juega en contra. Pero en ese momento lo que me importaba era el mutismo; lo otro, que no puede estar hablando todo el tiempo y que también están las otras personas, lo corregiríamos después.
Ese objetivo se logró. Pero, como digo siempre, no fue de un día para otro: es algo que se trabaja todos los días, hasta que van llegando pequeños resultados que se van mejorando, y hay que ser muy persistente. Para mí, esto es para un niño que ya entiende su propio problema y que quiere que lo ayuden.
Esto fue como el preámbulo para que Gael empezara a tener la seguridad necesaria para lanzarse a intentar romper ese bloqueo.
En resumen
Alimentar al máximo las pasiones de tu hijo, para que conecten directamente con sus sentimientos. Contarle tus propias pasiones y buscar un punto en común con las suyas, para que se sienta reflejado. Hacer sesiones de juegos y, durante el juego, hablar de sus pasiones y dejar que se explaye, para que se abstraiga un poco del propio juego. Después, que empiece a contarles sus pasiones a las personas más cercanas por videollamada. Y acompañar cada actividad que le genere ansiedad con el cuento del Sapo Zen: la focalización, el mensajito de «yo puedo lograrlo» y la respiración profunda.
Preparando el cuarto paso…
En la cuarta parte cuento el siguiente paso: «Las gemas del infinito».
Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.