El método
Las herramientas: la vista del águila, la persuasión, el storytelling y la visita.
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- Intro — Cómo usar este libro
- 01 — El gimnasio vacío
- 02 — Las otras 167 horas
- 03 — Los tres pilares que sostienen todo
- 04 — Ponte los ojos del águila
- 05 — La conexión empática
- 06 — La persuasión
- 07 — El neuromarketing
- 08 — El storytelling
- 09 — El chikung
- 10 — Crear tu historia
- 11 — Crear tu personaje
- 12 — Todo listo para la primera visita
Lo que cuentan otras familias
Antes de los libros, este camino lo compartí con familias en La Escuelita. Hablan de su experiencia, no de un resultado que se pueda prometer.
«Vamos creciendo día con día, aprendiendo para poder sacar pasito a pasito a nuestros hijos.»
«Mi esposa y yo no conocíamos nada del tema. […] No existía mucha información, o no información que pudiéramos utilizar para ayudarla.»
«Nos sentimos apoyados, nos sentimos respaldados y comprendidos.»
Durante mucho tiempo hice cosas. Muchas cosas.
Un día leía que había que reforzar la autoestima del niño, y esa semana me volcaba en decirle a mi hijo lo bien que lo hacía todo. Otro día encontraba un vídeo sobre respiración, y probábamos a respirar juntos un par de tardes. Luego alguien me contaba que a su hija le había ido bien apuntarla a una actividad, y me lanzaba a buscar actividades. Después leía que no había que presionar, y me frenaba. Más tarde leía que había que exponerlo poco a poco, y volvía a empujar.
Hacía cosas. Pero no tenía ni idea de si esas cosas iban hacia algún sitio.
Era como ir echando piezas sueltas en una caja. Una pieza buena por aquí, otra pieza buena por allá. Todas, por separado, tenían sentido. Ninguna me decía cómo encajaban entre sí, ni cuál iba primero, ni si hacer una me obligaba a dejar la otra. Y lo peor no era el esfuerzo. Lo peor era la sensación. Esa sensación de estar remando mucho sin saber si te acercas a la orilla o solo giras en círculos.
Si estás ahí ahora mismo, quiero que sepas dos cosas.
La primera: es normal. La información sobre el mutismo selectivo está desperdigada, viene a trozos, y cada trozo parece contradecir al anterior. Nadie te da el plano entero. Te dan ladrillos y te dejan solo delante del montón.
La segunda, y esta es la que importa: sí existe un plano. Todo lo que vas a hacer con tu hijo de aquí en adelante se sostiene sobre tres pilares. Solo tres. Y cuando los ves juntos, dejas de tener un montón de piezas sueltas y empiezas a tener un edificio.
— Libro II, «El método»