Aplicación
La rutina diaria, los ocho retos, el colegio y los días que no salen.
PDF · 234 páginas
Ver el índice completo
- Apertura — Del papel a la alfombra
- 01 — El cuaderno
- 02 — El mapa de personas
- 03 — Quitar piedras del camino
- 04 — La hoja de identidad
- 05 — Abre sus ojos
- 06 — La primera visita
- 07 — La plegaria de la serpiente
- 08 — Cuando la visita no sale
- 09 — Los ocho retos
- 10 — De uno en uno, por círculos
- 11 — La frustración
- 12 — Las preocupaciones
- 13 — Las urgencias de casa: mañanas, noches y crisis
- 14 — La escuela
- 15 — El mundo
- 16 — Los noventa días
- 17 — El camino largo
Lo que cuentan otras familias
Antes de los libros, este camino lo compartí con familias en La Escuelita. Hablan de su experiencia, no de un resultado que se pueda prometer.
«Se llenaba de una ansiedad tan grande que no le permitía desarrollarse normalmente. Y era, para mí, algo angustiante.»
«Ha sido para nosotros como una luz en medio de una oscuridad.»
«Soy mamá de una pequeña con mutismo selectivo y quiero recomendar ampliamente el curso de Juan.»
La primera vez que a Gael no le salió un reto, el que se hundió fui yo.
Él llevaba tres días grabando la misma nota de voz. Entraba en su cuarto con el teléfono, cerraba la puerta, y salía media hora después con cara de nada. Grabar y borrar. Grabar otra vez y borrar otra vez. Y la tercera tarde salió del cuarto llorando. No era llanto de pena; era rabia consigo mismo, la de un niño que lo está intentando de verdad y no le sale, y entre el llanto me dijo que él no podía y que no lo iba a hacer nunca. Y yo me quedé de pie en la puerta de su cuarto sin saber qué decirle. Por fuera aguanté. Por dentro se me vino todo abajo —pensé que aquello no iba a funcionar, que a lo mejor nos habíamos equivocado de camino, que quién era yo para pedirle eso—, y me lo callé entero, porque lo último que necesitaba Gael era ver a su padre dudando. O eso intentaba yo, por lo menos.
Te cuento esto al principio de esta parte del libro porque quiero que sepas que va a pasar. No es que pueda pasar: va a pasar. Un niño al que le pides que haga la cosa más difícil de su vida, un peldaño detrás de otro, todos los días, en algún punto se va a frustrar. Se va a bloquear en un reto que ayer parecía fácil, se va a enfadar contigo por habérselo pedido, y va a haber tardes en las que te diga que no y noches en las que te vayas a la cama pensando que quizá te estás equivocando de método, o de camino, o de todo.
— Libro III, «Aplicación»